junio 10, 2013

Un cuento de hadas - Paulo Coelho

Una sabia lección de parte del Sr. Coelho que he decidido compartir con ustedes: ¡que la disfruten!




Un cuento de hadas
Maria Emilia Voss me contó esta historia en los años noventa y yo he querido reproducirla aquí hoy: 


     En la antigua China, cierto príncipe de la región de Thing-Zda iba a ser coronado emperador. Antes, según la ley, él debería casarse. Aconsejado por un sabio, convocó a todas las jóvenes de la región con la intención de elegir a la que fuese más digna. Una anciana, que servía en el palacio desde hacía muchos años, oyendo los comentarios sobre los preparativos para la audiencia, sintió una profunda tristeza, pues sabía que su hija guardaba en secreto su intenso amor por el príncipe. 

Al llegar a casa y contarle las novedades a la joven, se quedó admirada de escuchar que ella también pretendía comparecer.

-Hija mía, pero ¿qué puedes hacer tú en semejante lugar? Sólo estarán allí las más bellas y ricas muchachas de la corte. ¡Quítate esa idea absurda de la cabeza! Yo sé que debes estar sufriendo, ¡pero no transformes el sufrimiento en una locura! -Querida madre, ni estoy sufriendo ni me he vuelto loca. Sé que nunca seré la elegida, pero es mi oportunidad de estar cerca del príncipe aunque sea unos instantes. Esto basta para hacerme feliz, aunque sepa que mi destino va en otra dirección.

Por la noche, cuando la joven llegó al palacio, allí se encontraban las muchachas más bellas, con hermosas ropas y luciendo las joyas más refinadas, dispuestas a luchar por la oportunidad que se les ofrecía.

Entonces, el príncipe anunció la prueba: -Os daré a cada una de vosotras una semilla.

Aquella que, dentro de seis meses, me traiga la flor más bella, será la futura emperatriz de China.

La joven recogió su semilla, la plantó en una maceta y, como no tenía mucha habilidad en el arte de la jardinería, cuidaba la tierra con gran paciencia y ternura, suponiendo que, si la belleza de las flores que vendrían era proporcional al tamaño de su amor, no debía preocuparse por el resultado.

Después de tres meses no había brotado nada.

La joven lo intentó todo, habló con labradores y campesinos que le enseñaron los más variados métodos de cultivo, pero sin resultado.

Por fin, el plazo de seis meses se agotó y no había nacido nada en su maceta. Aun así, decidió volver al palacio, consciente de que éste sería su último encuentro con el hombre amado.

Llegó el día de la nueva audiencia. La muchacha apareció con su maceta sin planta y vio que todas las otras habían logrado buenos resultados: sus flores, riquísimas en formas y colorido, competían entre sí en belleza y frescura.

Finalmente, llegó el momento tan esperado: el príncipe entró y observó a cada una de las pretendientes. Tras pasar por delante de todas, anunció el resultado: la hija de su sirvienta será su nueva esposa.

Todos los presentes empezaron a quejarse y a decir que había elegido a la que había fracasado en su tarea.

Entonces el príncipe desveló el motivo de la prueba: -Ésta fue la única que cultivó una flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles y de ellas nada podía brotar.
Fuente: Revista todo en domingo - Diario El Nacional. Domingo 26 de Mayo de 2013.

2 comentarios:

  1. Aqui veo el valor de la honestidad que por supuesto hay cultivarlo con paciencia enfrentando todo lo que pueda oponerse , aunque parezca imposible siempre hay alguien que lo ve como tantos otros valores tendra recompensa .

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  2. Precioso cuento y qué mensaje tan claro!

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